Nota N° 1: LOMOS DE BURRO

Frente a la dificultad para obligar a los vehículos a disminuir su marcha en bocacalles o zonas urbanizadas, los municipios establecieron como solución la creación de los denominados “Lomos de burro”. Pero, como ocurre habitualmente con estas soluciones de emergencia, cada uno lo hizo a su leal saber y entender. Más altos, más bajos, mas pronunciados, más suaves, más largos, es decir, sin uniformidad... como se le ocurrió a cada capataz responsable del trabajo.

Por eso, hay tantas formas y alturas de lomos de burro, como ciudades y pueblos tiene la Argentina. Es fácil notarlo cuando se transita las rutas y a medida que va cruzando las poblaciones, se advierte una sensación diferente al pasar cada reducir de velocidad.

Sería fácil criticar la construcción de estos obstáculos porque muchas veces están colocados sin motivos ni razón, pero también hay que reconocer que logran su objetivo, ya que sería imposible colocar tantos semáforos y lo que es peor, que los respeten a toda hora y momento.

Lo que es un acto de terrible irresponsabilidad, es que en la mayoría de ellos, la pintura que los señaliza ha desaparecido hace mucho tiempo y nos encontramos de repente, con que debemos frenar casi a cero, lo que se convierte en una trampa aún más riesgosa.

Ubíquese: uno va por la ruta, de noche, a 120, 130 km/h, llega a un pueblo con poca luz, comienza a disminuir la marcha y de pronto se encuentra con esta maravilla de la arquitectura moderna, a 80 km/h, que no se vé porque obviamente tiene el mismo color del pavimento .....pum...desastre. O clava los frenos, con el riesgo que venga otro auto inmediatamente detrás y lo choque, o lo toma como viene y rompe la suspensión, amortiguadores, etc.

No estoy planteando una hipótesis extrema. Estoy señalando lo que nos pasa a los que viajamos habitualmente. Por eso sugiero, pido, imploro, ya que los construyeron, manténgalos..

Tienen que ser visibles desde lejos, estar siempre con pintura fosforescente, llamativos, que resalte a larga distancia para que sea en efecto un elemento que disminuya la velocidad de forma prudente y no que se convierta, como ahora, en otra trampa mortal para autos y automovilistas.  

Atentamente

Raúl Barceló

 

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Nota N° 2: MEDIDAS MEDIATICAS

Hace unos meses, el gobierno de la ciudad de Bs. As. dispuso primero instruir y después sancionar a los motociclistas que no utilizaran cascos. Medida tardía, pero al menos se adoptó.

 Todo esto seguido, por supuesto, de una gran campaña de prensa, en la que los funcionarios hacían referencia a la necesidad del casco, a la seguridad, etc, etc, etc. Lo que se buscaba era simplemente cumplir las reglas establecidas y utilizar el sentido común. No hace falta irse al 1º mundo para comparar. En cualquier lugar civilizado, incluídos nuestros vecinos de Uruguay, Chile, Brasil, el casco es absolutamente obligatorio y es casi impensable ver un motociclista sin ese primordial elemento de protección. Pero nuestros políticos parecían haber descubierto el verdadero origen del universo con esa determinación. Primero se aleccionó y luego se sancionó a aquellos motociclistas que no utilizaran casco, acompañado de enormes títulos en los medios, aplaudiendo la medida. Precisamente por la repercusión periodística, en otras ciudades importantes del país se adoptó la misma medida (a propósito, en el interior, el uso del casco y el del cinturón de seguridad, NO EXISTE). Pero volvamos a Capital, ¿cuánto duró?. Un par de semanas. Quienes residimos en Bs. As. sabemos que hoy ningún policía mueve una mano para detener a un motociclista sin casco.

Exactamente lo mismo pasó con el cinturón de seguridad. ¡Se va a controlar la utilización del cinturón de seguridad!, fue la aleccionadora frase empleada. Títulos periodísticos, notas, policía que controla, en el centro, en los barrios....perfecto, a tal punto que hoy es fácil detectar que mucha más gente lo utiliza, al menos en Capital Federal. Pregunto...a esta hora, en este momento, ¿alguien ve un agente del orden controlando la utilización del cinturón de seguridad? Seguramente que no. En definitiva, lo de siempre. Decisiones políticas, impacto en la sociedad a través de los medios y como nos olvidamos rápido de todo, y los políticos lo saben y lo utilizan a la perfección, ya está, ya cumplieron, ahora a buscar otra medida que llame la atención y que parezca que hacen, pero en definitiva, no hacen nada. Esto no va en contra de este gobierno de la ciudad en particular, porque ha pasado exactamente lo mismo con otros anteriores y lo peor es que, seguramente pasará con el que venga, sea cual fuere. Las medidas de seguridad están para cumplirse, pero claro, para eso es necesario concientización, educación, control, continuidad y decisión y ninguna de esas premisas se cumple. 

Atentamente

Raúl Barceló

Nota N° 3: TRAZADOS CALLEJEROS

Después de mucho tiempo, en nuestro país se volvió a correr en un trazado callejero como ocurrió con el TC 2000 en la ciudad de Santa Fe, unas semanas atrás.

El resultado desde el punto de vista deportivo, de promoción, de interés de la gente fue más que satisfactorio. Merece un aplauso la Comisión Directiva de la categoría que se propuso hacerlo y pese a todos los obstáculos, pudo concretarlo.

Ahora bien, no por esto debemos olvidar que el trazado callejero es el último lugar donde debe realizarse una carrera de autos por infinita cantidad de argumentos. Básicamente de seguridad, para los pilotos, que cuando se salen de su línea destrozan los vehículos contra los paredones, por el riesgo de accidentes que se multiplica al correr encajonados en calles angostas y entubadas por paredones de hormigón; porque lo intrincado de un callejero, dificulta el acceso veloz de los servicios médicos. Declaraciones de algunos pilotos, entre ellos el tri- campeón de la categoría Gabriel Ponce de León en sentido contrario a la realización de esta prueba no deben desatenderse con tanta facilidad.

Pero además, por la dificultad que significa para la ciudad en cuestión el cierre durante un fin de semana de una amplia zona, porque no tiene comodidades para disfrutar la carrera, porque en general el espectáculo no es de lo mejor ya que los sobrepasos son casi imposibles, y sobre todo, porque es una falta de respeto a los pocos clubes que durante años aportaron trabajo y dinero para mantener los autódromos. En el callejero, cuando termina la carrera, se corren los bloques de hormigón y  todo vuelve a su ritmo normal. En un autódromo, al día siguiente de la carrera, todo es desolación y hay que trabajar y esperar hasta la próxima prueba, al año siguiente, para tener revancha.

El circuito callejero tiene un atractivo especial, y yo aplaudo lo realizado en Santa Fe, a la gente le gusta, le resulta cómodo acercarse, ver los pilotos y los autos de carrera a cuadras de su casa, todo tiene un encanto diferente, es lo que en términos artísticos se llama UN VERDADERO SHOW, pero debería llevarse a cabo como un hecho excepcional, único, distinto.

Sería importante que las categorías y el ACA, en su loable afán de buscar novedades y atractivos para el público, adviertan que hay limitaciones y  tomen conciencia de este aspecto. Porque si no, mañana asistiremos al “Gran Premio del Obelisco”, por la calles céntricas de la Capital Federal, o al Premio “Monumento de la Bandera” en Rosario o “La Vuelta del río Suquía” en Córdoba, y retrocederemos 50 años, cuando se corría en ciudades porque no había lugares específicos para la practica del deporte automotor, llámese, autódromos. Hoy hay más de 50 autódromos en el país, muchos de ellos con candados herrumbrados por la falta de uso, y el resto con enormes falencias por la ausencia de infraestructura mínima.

Nos sobran autódromos, pero ninguno está con las mínimas condiciones exigibles para pensar en un evento internacional. En aras de ofrecerle a la gente algo distinto, en lugar de trabajar para mejorarlos, se inventan callejeros. Un gran contrasentido, en definitiva, un clásico nuestro, bien de argentinos.

Atentamente

Raúl Barceló

 

Nota N° 4:  EL PUBLICO DEL AUTOMOVILISMO

Hoy quiero referirme al público del automovilismo. Se trata de un grupo de espectadores en general, apasionado y de buena conducta, aunque, creo también, que ha llegado el momento en que los dirigentes no deben ceder un ápice en los excesos en los que suelen caer algunos de ellos.

¿En que me baso para semejante afirmación?. En la comparación con el ambiente del fútbol, siempre en términos amplios y generales. En una cancha, un lugar cerrado, donde están todos juntos en un predio de no más de 6 has., con policías que a veces superan el millar, se producen los disturbios que todos conocemos, en nuestro país, y en el exterior.

En el automovilismo esas cosas no ocurren. Tomemos por ejemplo una carrera de TC, con una concurrencia cercana a las 40 mil personas, en un predio de alrededor de 70 u 80 has., dispersos a lo largo de un perímetro de más de 4 kms., con la incomodidad de no tener baños, o de soportar muchas horas en el mismo lugar, entre los yuyos y las piedras. El resultado de la comparación es clarísimo; con mucha más dificultad para controlar a esa gente, no se dan actos salvajes o vandálicos, al menos por ahora, y eso es para aplaudir.

Los que sí aparecen y cada vez más a menudo, son grupos de inconscientes que bajan a la pista cuando aún no ha concluido la carrera, para “torear” a los autos en la vuelta final, lo que además de ser sumamente peligroso, las autoridades y la seguridad no parecen poner demasiado énfasis para controlar, más los avasallamientos del público en el sector de boxes, y los robos en los lugares de estacionamiento. Son hechos cada vez más repetidos.

Por eso el corolario es: en general, el público que asiste a los espectáculos automovilísticos, por más masivos que sea, tiene un buen comportamiento, pero si no se erradica pronto a los delincuentes que decididamente van a las carreras a robar dentro de autos particulares y a quienes creen que ser apasionados les otorga un carnet de suicida para arrojarse frente a los autos de competición apenas termina la prueba, se corre el grave riesgo que esos gusanos pudran al resto de la manzana.

Y será tarde para remediarlo.

Atentamente

Raúl Barceló

 





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